Apogeo de la historia: Yrigoyen, el radicalismo y el Estado de Bienestar

por Pablo Etcheberry

El apogeo de la historia

El proceso de modernización en la Argentina, a fines del siglo XIX, se desarrolló mediante la consolidación de un Estado-Nación basado en el poder e intereses de una elite terrateniente, surgida tras el dominio final del territorio, con eje agroexportador (proveedor de materias primas y alimentos a las naciones dominantes del sistema hegemónico capitalista).

Ahora bien, para consolidar una cultura basada en la civilización europea (considerada la cima del progreso humano), y poblar con mano de obra los territorios y las actividades industriales complementarias, se fomentó la inmigración europea.

Estas masas acarrearán, paradójicamente, el principio del fin de la oligarquía, porque la modernización fue incompleta al no tener en cuenta los nuevos sectores sociales y su participación en la política: la democracia, de esta manera, era ficticia.

En este panorama surgen los primeros movimientos de las clases subalternas: socialistas, anarquistas, sindicalistas, etc.; y dentro de este movimiento surgirá un grupo político con tendencia revolucionaria, cumpliendo de alguna manera el papel que tuvieron las revoluciones burguesas en Europa, en la conformación de la realidad actual: el radicalismo.

La tendencia revolucionaria fracasa y, tras la Ley Sáenz Peña, Yrigoyen se consolida como el primer presidente surgido de movimientos populares y la ampliación de la democracia.

Pero no todo fue así de hermoso; si bien fue el primer intento de mediación entre los intereses de clase, nunca se planteó desafiar la estructura oligárquica, sino más bien, readaptarla. Su poder era limitado por tener una minoría en el Congreso, sumado a la mano dura incontrolable de la Liga Patriótica, la pobreza extrema, la represión y el asesinato de obreros en la Semana Trágica y la Patagonia Rebelde, y un final que inicia el proceso de nefastos golpes militares durante todo el siglo.

No fueron años ejemplares, ni menos, pero significaron un proceso de apertura y cambio que durante las siguientes décadas se consolidarán con las mejoras sociales necesarias, con el Estado de Bienestar, cuya intención es sobre todo, la supervivencia del sistema, pero alejándose de los sueños revolucionarios de un mundo basado en los principios fundamentales de la libertad, el amor y la igualdad, mediante un mínimo de mejoras sociales, control ideológico y entretenimiento (el llamado “Pan y Circo”)… caminamos, pero no olvidemos que el horizonte sigue lejano.

El historiador Gabriel del Mazo expresó"la contextura ética del pensamiento político Yrigoyeneano es una creación del espíritu de la libertad, del sentimiento de la igualdad social de los hombres y de la igualdad moral de los pueblos".
El historiador Gabriel del Mazo expresó"la contextura ética del pensamiento político Yrigoyeneano es una creación del espíritu de la libertad, del sentimiento de la igualdad social de los hombres y de la igualdad moral de los pueblos".

 

 

 

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